Editorial

Gracias a la riqueza y la variedad de las colecciones del Museo di Roma, en 1977 se pudo crear una nueva institución museística en el recién restaurado convento carmelita de San Egidio: al principio, se le llamó Museo del Folklore e dei Poeti Romaneschi y gozó de un sector específico de interés, y al final, Musei di Roma in Trastevere.
Trasladar a la nueva sede de Trastevere los materiales más estrechamente relacionados con la documentación de la vida cotidiana y de las tradiciones romanas permitió subrayar la privilegiada conexión que podía instaurarse entre museo y territorio. De hecho, el barrio de Trastevere (Trastíber) podía considerarse por sus peculiares características el barrio romano donde aún podían encontrase nuevos fragmentos y estímulos de la cultura popular.

Ettore Roesler Franz (1845-1907), Terrazza presso il Ponte Sisto su mura romane, 1878

La especial configuración de los espacios, articulados alrededor del Claustro, permitió centrar la exposición permanente alrededor del núcleo principal de las llamadas Escenas Romanas que, antaño estuvieron tristemente confinadas al palacio Brasci, y que hallaban aquí el realce que merecían.

Las Escenas Romanas, auténticos emblemas de la cultura alimentada por la nostalgia y la voluntad de evocar por razones políticas costumbres y usos populares de Italia, representan un extraordinario documento de museografía etnográfica por su realismo. Más allá del fácil estereotipo del siglo XIX de la reconstrucción, una lectura atenta de las mismas permite alcanzar un enfoque articulado y múltiple de la vida popular y cotidiana romana de gran valor didáctico.

Como contrapunto de las Escenas, acuarelas, pinturas y grabados nos cuentan cómo era la ciudad a través de sus costumbres, sus fiestas y sus tradiciones, entre las que destaca el Carnaval por lo bien representado que está y porque en el siglo XIX alcanzó su momento de máximo esplendor.
Para ayudarnos a evocar la “Roma Desaparecida” están las acuarelas de Roesler Franz que, por su fragilidad, sólo pueden exponerse en un sistema de rotación. Las orillas del Tíber, desaparecidas con la canalización del río, las esquinas típicas del Ghetto o de Trastevere, ya desaparecidas, reviven en la fácil y suelta narrativa del artista basada en la elegía y la documentación de las pinturas.

A finales de los años 1990 se quiso acercar, por su naturaleza común, esta institución al Museo di Roma, reconociendo este estrecho vínculo en el nuevo nombre del museo: Museo di Roma in Trastevere. Para ello se propuso una reordenación más actual de los materiales del Studio Trilussa que, junto a su archivo, se hallaban en el museo y que son un valioso testimonio de la producción literaria en dialecto romanesco de uno de sus más célebres intérpretes.

La nueva denominación no ha constituido una sencilla operación de cambio de nombre, sino una ampliación y un enriquecimiento del espacio y de la oferta de las exposiciones temporales, de los congresos temáticos y de personalidades estrechamente vinculados a la vida de la ciudad, con una atenta mirada al cine, al sector multimedia y a la fotografía. El museo ha querido convertirse en un espacio vivo donde la contemporaneidad de los hechos cotidianos pueda asumir el significado de la documentación histórica e interactuar dialécticamente con el pasado.

Maria Elisa Tittoni, Dirigente Monumenti Medievali e Moderni (hasta septiembre de 2011)